
I
El largo y complejo peregrinaje de los hombres por este mundo ha quedado registrado en esa cosa que llamamos Historia (universal, regional, etc.). Pero no todo ha quedado registrado, solo han sido codificados todos aquellos sucesos humanos que han sido de trascendencia y que han configurado o perturbado, para bien o para mal, las necesidades de vida de los hombres (me refiero a las necesidades políticas-económicas-sociales). Ahora bien, para lograr entender la Historia del Hombre, y no tener una mezcolanza de sucesos que impidan la comprensión, se ha hecho una división de periodos, una categorización, de manera que ahora el pasado del hombre se ha clasificado y diferenciado para fines explicativos, es así como nace la Edad Antigua, la Edad Media, la Edad Moderna y la Edad Contemporánea. (Está demás decir, que la categorización o ejemplo tomada se deriva del ya folclórico eurocentrismo académico).
Hay dos factores que son claves, y fueron los que permitieron tal división: las instituciones políticas-económicas-sociales y las necesidades de vida de los hombres. La primera es producto de la segunda y la segunda es resultado de la primera, no solamente no se pueden ver separadas es también que la correlación y la reciprocidad es lo que les permite vivir.
Pasamos de la Edad Antigua a la Edad Media cuando el conjunto de instituciones políticas-económicas-sociales que determinaban la vida de los hombres en esta primera Edad, son derribadas paulatinamente, hasta llegar al feudalismo medieval. La Edad Media culmina con la aparición del Estado como centro único de poder (pudiésemos decir que institución política), el Renacimiento (institución social que no se agota en el arte sino que va mas allá, puesto que tiene una repercusión espiritual en la sociedad) que elimina el teocentrismo e implanta una nueva cosmovisión, fundamentada en el antropocentrismo y en la razón; y en el aspecto económico, se elimina el valor de uso (institución feudal) para pasar al valor de cambio, lo que genera una economía mas activa y ubérrima.
Hasta aquí pudiésemos decir que la cuestión del Cambio es simplemente algo institucional, aunque no sería tanto así. Las necesidades de vida de los hombres tiene una gran repercusión, es ella lo que determina si hay o no cambio. Pero la situación se agrava cuando se presenta el problema de determinar cómo, cuándo y por qué cambian esas formas.
II
Es imposible establecer desde cuándo el hombre empezó a sentir el germen incontrolable del desarrollo, o si ha sido inherente a él desde siempre. Con desarrollo me refiero específicamente a la acción de mejorar sus condiciones de vida, de facilitar su existencia en base a su comodidad, no solo individual sino colectiva. Yo me inclinaría, trémulamente, aseverar que ese germen ha estado siempre en el hombre, si esto no fuese así, no hubiésemos desarrollados las armas de caza y toda las técnicas a las que hemos llegado para conseguir nuestro alimento, la organización social (que está dentro del ámbito de desarrollo), y tantas otras cosas que si las ordenamos no es de extrañar la llegada a la Luna o la creación de una arma tan espectacular como el Little Boy o Fat Boy, y el que dude de su desarrollo que se lo pregunte a los japoneses.
Es esa sed de mejora lo que (en gran parte, no quiero obviar sus necesidades e inquietudes espirituales) ha impulsado al hombre. Pero ahora bien, partiendo de la definición de desarrollo antes formulada, hay que decir, que hay tres tipos de progreso (que si bien es cierto se correlacionan, también podemos verlas algo diferenciados): desarrollo político, económico y social. Solo puede haber desarrollo cuando se dan al unísono las tres, si no, solo sería espejismo de progreso, pero no uno verdaderamente real. Cuando se inicia la carrera de estas tres, y van a la marcha, es profundamente difícil que haya un retroceso, un retorno. Pero, cuando avanzan dos, o una, y el resto queda atrás, es posible que haya un retroceso, una vuelta atrás y que el progreso empiece a recular. Es así como se explica la Edad Media. El solo nombre indica un periodo de estancamiento. La caída del Imperio Romano significó una perturbación y crisis tan profunda de los tres atletas que iban en una buena marcha, que Europa sufrió no solamente un colapso institucional, sino también existencial (no solamente ocurre una atomización del poder político, característica del feudalismo, también miles de hombres pierden su libertad –tan esencial para el avance- al concretar el pacto feudo-vasallático).
Entonces, cuando se dice que se ha llegado a un punto histórico, en el que se vive bajo ciertas instituciones, tales formas de vida y determinadas necesidades colectivas, ¿existe la posibilidad de retornar a periodos institucionales e históricos anteriores al establecido, es decir, donde las necesidades colectivas traten de satisfacerse con métodos anteriores al actual? La respuesta es: depende; depende del nivel, tipo y correlación entre el desarrollo político-económico-social, me refiero a, si van al unísono los tres o la marcha es tan dispareja que el progreso es solo espejismo, quimera que se disuelve en los embates y exigencias de la realidad social.
Vamos a enfocarnos ahora en el tema de las instituciones. Institución es todo aquello que rija la conducta de los individuos, no solo en un sentido material sino también psíquico. La escogencia de tales o cuales instituciones se deriva de la Cultura de una sociedad, y su arraigamiento es un proceso lento que va a depender de la digestión social, esa asimilación está sujeta al hecho satisfactorio, es decir, si tiene la capacidad de solucionar las necesidades colectivas, cuando no hay satisfacción, significa que los tres atletas no están bailando al mismo compás ni a la misma velocidad, por lo que hay una perturbación que se intenta modificar con el cambio de instituciones.
El lado político, que es lo que nos compete, es vital. Hablar de instituciones políticas es hablar de Formas de Estado y Formas de Gobierno. Tanto la primera como la segunda, para implantarse una determinada forma de ellas en una sociedad (además de todo lo dicho arriba), se necesita algo muy importante, que asoma Aristóteles en su libro la Política: que la sociedad aprenda a vivir bajo ella, es decir, para que se arraigue una democracia, aristocracia, oligarquía, monarquía o tiranía es necesario que el colectivo aprenda a vivir bajo ella, si no, el mismo organismo social la rechaza, no logra asimilarla.
Esto pudiese ser uno de los motivos por los que algunos países, que se manejan bajo una forma de gobierno democrática, oligárquica o cualquier otra, han sufrido tantas perturbaciones políticas. Así podemos ver el caso de Honduras. Lo que tenemos en Honduras es simplemente que, un presidente que fue elegido democráticamente, después es sacado del cargo, no por vía electoral, ni tampoco a lo acordado en el contrato al momento de tomar posesión: culminación de su periodo. Los que están en contra de la salida del Presidente Manuel Zelaya alegan que eso fue un golpe de Estado, los que están a favor de su salida, simplemente manifiestan que el señor Zelaya estaba actuando en contra de la democracia y de las leyes hondureñas, por tal motivo las fuerzas armadas invadieron su casa una madrugada y a las horas estaba en Costa Rica.
Para que una democracia se establezca en un país, (además de aprobar la digestión social) no basta con que así lo reconozca en su constitución, necesita que el pueblo (entendiendo por pueblo a todos los ciudadanos, todas las personas que legalmente viven en un país, y explico esto por la lamentable tergiversación que ha sufrido esta palabra, designando como pueblo solamente a los pobres) viva democráticamente. Vivir en democracia no se limita a escoger por elecciones a los principales miembros del Estado o integrantes de los tres poderes, es mucho más que eso. Implica reconocer (legal y socialmente) la existencia de una diversidad de pensamiento e ideologías, libre expresión de las ideas sin temor a la represión o persecución, derecho a protestar, y muchos otros puntos, pero hay uno que no solamente es vital, sino que es una de las bases de la democracia: reglas del juego, claras y conocidas por todos, que permitan la convivencia y disfrute de todos los derechos.
El presidente Zelaya es sacado a la fuerza del gobierno y expulsado de su país, y se le amenaza con que si regresa a Honduras será encarcelado por haber violado las leyes hondureñas. El Congreso, el Poder Judicial y la Fuerza Armada de este país hacen todo esto en nombre de la democracia. Si es en nombre de la democracia, por y para ella, entonces por qué se viola una de los principios democráticos: el derecho a protestar y pensar distinto. Todas las marchas que siguieron a la expulsión del presidente y que exigían su retorno fueron fuertemente golpeadas, acribilladas y vilipendiadas, al punto de que hubo varios muertos. Pero lo más importante es que las fuerzas que expulsaron a Zelaya violaron, abismal y retrógradamente, las tan esenciales reglas del juego. Las elites hondureñas (gran minoría), se abrogó el derecho de decidir qué era lo correcto o no, permiso que se lo daba simplemente el tener más fuerzas que los protestantes: tenían a su lado a la Fuerza Armada, que históricamente, y en todos los países que han sufrido este mal, ha sido el instrumento perfecto de dominio y permanencia de las dictaduras. Es algo contradictorio que las elites hondureñas que salen partiéndose el gañote en la televisión a favor de la democracia, hagan lo que les venga en gana con las reglas del juego.
Pero lo más importante es saber por qué sucedió eso, cómo es posible que en un país sucedan estas cosas. Utilizando mi propia construcción argumentativa, diré que se debió a que los tres atletas no estaban (y siguen, lamentablemente) corriendo a la par, van disparejos, y si alguno de ellos se está moviendo, lleva los tobillos fracturados y anda deshidratado.
El problema en Honduras sería saber cuántos hondureños viven en la pobreza, la calidad de vida de la mayoría, etc. Sería interesante saber la correlación entre institución-satisfacción de ese país, no hay que ahondar mucho para enterarse de la cruda realidad. Hay una profunda disparidad entre ricos y pobres, marcado atraso económico y gran inestabilidad política que es solucionada con caricias militares. En un país así, las instituciones políticas son un oasis.
